
Para nosotros, el tacto es una expresión de ternura; para un perro, es una señal de información. Una mano que se acerca desde arriba puede provocar miedo o vigilancia, sobre todo en un perro que viene de la calle o tiene experiencias negativas. Incluso el movimiento más suave puede interpretarse como una amenaza si es repentino o inesperado. Los perros lo evalúan todo: el ángulo de aproximación, la velocidad, tu estado de ánimo e incluso el olor corporal. Las zonas de la cabeza, las orejas y la cola son especialmente sensibles al tacto, y es ahí donde se produce con más frecuencia el contacto no deseado. En cambio, si la mano se tiende suavemente, por debajo, sin presionar, es una señal de que «no soy una amenaza». El animal puede estirarse, olfatear y sólo entonces dejarse acariciar si confía en ti.
Acariciar no siempre es agradable
La gente cree que acariciar siempre es agradable. Pero los perros tienen sus propias zonas de «comodidad» y «ansiedad». No a todos los perros les gusta que les toquen constantemente o de forma intrusiva. A algunos perros les gusta que les rasquen largamente los flancos o el pecho, mientras que otros sólo lo toleran por educación. Es importante fijarse en las señales: si el perro aparta la cabeza, se lame la nariz, bosteza, se retrae o se aleja, no es «es tímido», es «estoy incómodo». Del mismo modo, no debes tocar a tu perro cuando esté comiendo, durmiendo o no inicie el contacto. Y viceversa: cuando el perro te toca con la nariz o te acaricia el costado, significa «sí, acaríciame otra vez».
Cuando el perro pide que lo toquen, pero no lo entendemos.
Los perros no siempre son francos en sus peticiones. A veces no nos damos cuenta de hasta qué punto nos están invitando silenciosamente a que les toquemos. Un ligero roce de la nariz con la mano, una mirada atenta cuando se sienta a nuestro lado y simplemente espera: todo esto son formas de decir «acaríciame, lo necesito». Muchos perros «expondrán» literalmente parte de su cuerpo -los costados, el cuello, el pecho- y se quedarán cerca de ti, sin quitarte ojo. Los animales especialmente sensibles emocionalmente buscan el tacto cuando están asustados, tristes o simplemente quieren calor. No es una imposición, sino una forma de decir «confío en ti». A veces basta con responder con un movimiento suave, y tu perro se calma, se relaja y cierra los ojos alegremente, porque eso era exactamente lo que necesitaba. En momentos así, la mano humana se convierte en la mejor terapia.
Conclusión.
Para un perro, la mano humana es un símbolo de interacción, confianza y control. Por eso un perro nunca piensa: «acaríciame porque eres humano», sino siempre: «¿qué quiere ahora esta mano?». Y cuanto más delicadamente nos comportemos, más probable será que la mano se convierta en una fuente de contacto agradable y no de tensión. Así que, antes de extender la mano, deja que la cola lea tus intenciones. Porque el contacto real se produce cuando hay consentimiento mutuo.




