Los perros rara vez muestran su disgusto como lo hacen los humanos, pero cada uno tiene una serie de estímulos que les desequilibran. Lo que a un humano le parece una nimiedad, para un perro puede ser un factor estresante importante, y la tierna mascota se pone nerviosa, se agita o se retrae. A continuación se exponen seis de las causas más frecuentes de irritación canina.
1. Ruidos fuertes e impredecibles
Los perros oyen mucho mejor que los humanos. Cualquier ruido repentino -una aspiradora, fuegos artificiales, gritos, máquinas que retumban, música a todo volumen o incluso portazos- provoca una sobrecarga auditiva instantánea. Para un perro, el ruido no es sólo un sonido, sino una amenaza potencial. Su sistema nervioso reacciona con ansiedad, aceleración del ritmo cardíaco, temblores o deseo de esconderse. Los sonidos imprevisibles son especialmente difíciles de tolerar: el perro no comprende su origen, no puede evaluar su seguridad y no tiene control sobre la situación. Esto crea una tensión constante que no desaparece por sí sola si el ruido se repite con regularidad.
2- Mimos, contacto estrecho y atención excesiva
Los humanos consideran los mimos como una prueba de afecto, pero para los perros las caricias cercanas son una restricción de la libertad. No entienden este tipo de afecto, por eso a menudo lo toleran en silencio. Pero el lenguaje corporal lo dice todo: la cabeza recogida, los bostezos, los labios lamidos, los músculos congelados… son signos de estrés. También es molesto prestar demasiada atención cuando tu perro quiere descansar o estar solo. La libertad de elegir el momento de contacto es importante para él. Cuando el dueño está constantemente rondando, tocando, cogiendo o interfiriendo en el sueño, el perro lo percibe como intrusivo en vez de benévolo.
3- No hay suficientes paseos y estímulos
Los perros están diseñados para moverse, explorar, olfatear y obtener impresiones. Si sólo ve las paredes del piso día tras día, si sale a dar paseos cortos para «hacer cosas» o si no tiene ninguna oportunidad de gastar energía, se acumula la frustración. El aburrimiento es uno de los mayores irritantes. Se manifiesta en forma de destrucción de objetos, ladridos interminables, irritabilidad pronunciada o apatía. Esto es especialmente cierto en razas activas y perros jóvenes que necesitan ejercicio físico y mental diario. Cuando esto no está presente, el perro se vuelve ingobernable, no por «mal temperamento», sino por necesidades básicas insatisfechas.
4. Violación del espacio personal y del control corporal
Un perro necesita un espacio donde nadie pueda tocarle: un lugar para descansar, dormir, un cuenco para la comida. Si despiertas a Tail para cogerle, le tocas mientras duerme o come, le quitas su juguete o su cuenco de comida para «jugar», o le obligas a establecer contacto contigo cuando no está preparado, no sólo le provocas irritación, sino también desconfianza. Los contactos que el perro percibe como groserías también son irritantes: tirarle de las patas o de la cola, movimientos bruscos durante el aseo, tirones de la correa. Cada vez que el dueño viola su espacio personal, el perro siente una pérdida de control sobre su cuerpo, y éste es uno de los desencadenantes más fuertes de la ansiedad.
5. Normas incoherentes y cambios emocionales repentinos por parte del dueño.
Un perro vive en un mundo de señales, tonos y hábitos. Cuando hoy se le permite subir a la cama y mañana se le regaña, se produce confusión. La incoherencia es molesta porque el animal no entiende la forma correcta de hacer las cosas. Los cambios repentinos de humor de una persona son igualmente molestos. Los perros son fenomenales para percibir las emociones de su amo. Si se produce un cambio repentino en el tono de voz, el comportamiento o la intensidad de la atención, el animal se tensa porque no sabe cómo reaccionar. No entiende las causas, pero siente las consecuencias. Un amo inestable hace un perro inestable.
6. Ignorar los instintos y necesidades naturales de la raza.
Cada raza tiene inclinaciones distintas: los cazadores quieren buscar olores, los perros pastores quieren controlar el espacio, los terriers quieren cavar, los perros jóvenes quieren masticar y los perros guardianes quieren proteger. Cuando un amo reprime continuamente estos impulsos naturales sin sustituirlos por actividades aceptables, el perro acumula tensión interna. Sus instintos forman parte de su naturaleza e ignorarlos es irritante. Lo correcto no es luchar contra la naturaleza, sino guiarla: dale juegos olfativos, tareas lógicas, enséñale órdenes que alivien la tensión y den salida a la energía.
Conclusión
Comprender los desencadenantes caninos es la base de una relación sana. Cuando un propietario ve el mundo a través de los ojos de su mascota, no sólo está evitando conflictos, sino que está creando una atmósfera en la que el perro se siente tranquilo, seguro y feliz. La irritabilidad no sólo desaparece, sino que desaparece cuando se lee, respeta y escucha adecuadamente al animal.





