Razas con carácter que no perdonan la frivolidad.
Los gatos combinan gracia, independencia y… una mirada despiadada que puede parar un corazón. Pero a pesar del estereotipo del «simpático gato doméstico», no todas las razas están dispuestas a dejarse abrazar, frotarse contra tu pierna y tumbarse mansamente sobre la almohada. Algunas tienen un temperamento que hace que incluso los perros parezcan conejitos mullidos. En este artículo, vamos a conocer a estos representantes del mundo felino, que se han ganado la reputación de ser los más peleones, los más agresivos o simplemente los más característicos.
1. El gato siamés
Un gato guapo con ojos azules y una voz que atraviesa las paredes. Los gatos siameses son celosos, exigentes y se consideran los amos de la casa. No perdonan la ignorancia, los movimientos bruscos y… a la gente nueva. Si eliges un siamés, prepárate para la dictadura, pero con un toque de elegancia.
2. Gato de Bengala
Es un tigre en miniatura: grácil, explosivo y testarudo. Los bengalíes necesitan actividad y control. Si tienen náuseas, encontrarán su propio entretenimiento, a menudo en forma de saqueo despiadado de tu cocina. Rara vez arañan por diversión, pero si les provocas, es mejor esconder las manos.
3. Savannah
Serval doméstico: suena bonito, pero es más difícil convivir con él. Los sabanas son híbridos de linajes salvajes con excesiva energía e independencia. No son viciosos, pero son muy testarudos y desconfiados. ¿Te gustaría darles un abrazo? Espera a que se acerquen a ti. O no lo hagas.
4. Gato abisinio
Inteligente y grácil, pero a veces un auténtico berrinche. Los abisinios no toleran la monotonía ni la invasión de su intimidad. Si intentas besarle sin su permiso, recibirás una bofetada. Eso no es ira, ¡es dignidad!
5. Chauzy
Otro representante de los gatos híbridos. Chauzy es una combinación de gato doméstico y gato salvaje de la selva. Sus reacciones son rápidas como el rayo, su confianza poco común. Puede ser cariñosa con un dueño y mantener a todos los demás a distancia.
6. Marrón Habana
Esta belleza de color chocolate se encariña mucho con los humanos. Pero sólo a uno de ellos. Al resto nos considera superfluos. Si tu invitado se acerca al cuenco de Havana, estallará la Tercera Guerra Mundial. Estos gatos no son malos, sólo muy posesivos.
7. Esfinge
Parecen extraterrestres y se comportan como tales. Los Sphynx son muy emocionales, pero si algo no les gusta, no se andan con ceremonias. Pueden subirse a tus brazos, ronronear y, de repente, morderte la oreja. No es porque sean malos. Es sólo…. un cambio de humor. Eso es todo.
8. Gato siberiano
Majestuoso, esponjoso y orgulloso. El siberiano es el tipo de gato que puede dejarse querer, pero que se demarcará a la menor ofensa. No atacará a la primera, pero si le estropeas el sueño o te atreves a sacarla de su sillón favorito, recibirás un montón de silbidos y miradas pesadas.
9. Korat
Una raza increíblemente bella, de pelaje plateado y temperamento afilado. A los korat no les gusta el ruido, no toleran las intrusiones y no perdonan que se les ignore. Si le das la impresión de que eres invisible, la venganza será instantánea. Pero elegante.
10. Gato persa
A primera vista: una almohada mullida con ojos. Pero tras esa apariencia: un gato que conoce su propio precio. Los persas no son agresivos en el sentido clásico, pero su ofensa puede durar semanas. No arañan: te ignoran pasivo-agresivamente. Y la cosa se pone aún peor.
💬 Conclusión
En este ranking hemos reunido a los gatos más viciosos (o, mejor dicho, más característicos), que pueden plantear bastantes problemas a su dueño. Pero es importante recordar: ningún gato nace vicioso. Su comportamiento es siempre una respuesta al mundo que le rodea. Razas asilvestradas, híbridos, individualistas celosos o independientes: todos pueden ser las criaturas más dulces en manos cariñosas.
Así que si tu gato sisea, araña o mira con recelo a los invitados, no es un juicio. Es una oportunidad para que te conviertas en la persona a la que realmente querrá. Y entonces hasta el abisinio más estricto se convertirá en ronroneante felicidad. Porque el amor es el mejor entrenamiento.