
Cuando pensamos en miembros longevos del reino animal, lo primero que nos viene a la mente es la tortuga. Lenta, tranquila, con mirada sabia y una eternidad en su joroba. Pero, ¿se trata sólo de un mito, o pueden algunas tortugas vivir realmente más de un siglo?
La longevidad de las tortugas: ¿verdad o exageración?
No es ficción: realmente hay tortugas que pueden vivir más de 100 años, y a veces incluso 150. El ejemplo más famoso es una tortuga gigante de las Seychelles llamada Jonathan, que nació en 1832 según los registros oficiales y sigue viva. Ahora tiene más de 190 años, y eso está registrado oficialmente. Y también había una tortuga llamada Harriet que, según la leyenda, fue traída de las Galápagos por Charles Darwin: llegó a vivir 175 años.
Archivos como éste cubren gigantes terrestres y marinos como las tortugas de Galápagos y Aldabra. En casa, incluso una tortuga ordinaria de mejillas rojas puede vivir entre 30 y 50 años, y a veces incluso más si está bien cuidada.
¿Cuál es el secreto de su longevidad?
Los biólogos creen que las tortugas tienen mecanismos biológicos únicos para ralentizar el proceso de envejecimiento. Su metabolismo es extremadamente lento: su corazón sólo late unas pocas veces por minuto y su temperatura corporal varía en función del entorno. Esto significa menos desgaste de las células y menos estrés oxidativo, las principales causas del envejecimiento.
Es más, las investigaciones han demostrado que algunas tortugas tienen mecanismos moleculares de reparación del ADN que les permiten afrontar mejor los daños a nivel celular. En otras palabras: sus cuerpos son literalmente capaces de «repararse» a sí mismos mejor que los de la mayoría de los demás animales. Y lo que es aún más interesante, muchas tortugas no muestran los signos clásicos del envejecimiento: incluso a los 100 años de edad, no pierden su capacidad de reproducirse y su inmunidad no disminuye significativamente.

¿Todas las tortugas viven tanto?
No, no todas. La esperanza de vida depende mucho de laespecie, las condiciones de vida y la genética. Las tortugas acuáticas pequeñas (por ejemplo, las tortugas de agua hedionda o las tortugas chinas de tres dedos) viven una media de 15 a 30 años. Las tortugas ornamentales de acuario, si no se cuidan adecuadamente, viven incluso menos. Pero con los cuidados adecuados, incluso las tortugas de tamaño medio pueden vivir varias décadas.
Por desgracia, muchas personas compran tortugas sin darse cuenta de que se trata de un animal «para toda la vida», y a veces incluso para la vida de sus hijos. No es un pez dorado: necesita luz ultravioleta, alimento adecuado, temperatura adecuada, un lugar donde correr o nadar y, sobre todo, paciencia. Las tortugas no sólo tardan en moverse, también tardan en adquirir hábitos, en confiar en su dueño y en adaptarse a un nuevo entorno.
Conclusión
Sí, las tortugas pueden llegar a vivir más de 100 años, y así lo confirman la ciencia, los hechos y las largas historias. Su serenidad, lentitud y moderación han demostrado ser el secreto de su increíble resistencia y juventud. En un mundo acelerado, la tortuga sigue siendo un símbolo de estabilidad y longevidad. Y quizá podamos aprender algo de ellas: a cuidarnos desde dentro, a tomarnos nuestro tiempo y mantener el equilibrio.

