Elegir entre un gato macho y una gata hembra puede parecer sencillo al principio, pero la decisión depende a menudo de tu estilo de vida, tus expectativas, tu situación vital y tu disposición a controlar ciertos rasgos de comportamiento. El sexo de un gato no es un detalle insignificante: puede afectar significativamente a la personalidad, los hábitos y la vida cotidiana a lo largo del tiempo.

Carácter, apego e interacciones cotidianas

Los gatos machos suelen mostrar un temperamento más reservado e independiente. Suelen tolerar bien la soledad, son menos dados a exigir afecto y tienden a preferir una convivencia tranquila con su dueño. Un gato macho puede pasarse horas durmiendo u observando tranquilamente lo que ocurre a su alrededor sin buscar constantemente atención. Para las personas que trabajan muchas horas, están a menudo fuera de casa o simplemente aprecian el espacio personal, un gato macho puede ser a menudo el compañero ideal.

Las gatas, en cambio, suelen ser más emocionales y cariñosas. Suelen reaccionar más activamente a los estados de ánimo de sus dueños, siguiéndoles por la casa, «hablando» y buscando juegos o mimos. Muchos gatos están más apegados a sí mismos que a su territorio y necesitan una interacción regular. Este temperamento conviene a quienes quieren sentir la presencia constante de su mascota, disfrutan con el compromiso activo y están dispuestos a dedicar más atención diaria a su gato.

Períodos hormonales y matices de comportamiento

Aquí es donde la diferencia entre un gato macho y una gata hembra se hace más evidente, sobre todo si el animal no está esterilizado o castrado. Los gatos machos adultos pueden empezar a marcar su territorio, sobre todo en un piso, y el olor puede convertirse rápidamente en un problema grave.

El comportamiento de los gatos machos durante este periodo puede cambiar: pueden volverse inquietos, más agresivos o mostrar un fuerte deseo de escapar.

En las gatas, los ciclos hormonales se manifiestan de forma diferente: son frecuentes las vocalizaciones ruidosas, el aumento de la agitación y los cambios notables de apetito y comportamiento. Para muchos propietarios, estos periodos pueden ser psicológicamente difíciles, sobre todo si el gato vive en un piso y no tiene la oportunidad de expresar sus instintos naturales.

Tras la esterilización, las diferencias entre gatos machos y hembras disminuyen considerablemente. En general, se vuelven más tranquilos, más hogareños y se adaptan mejor a la vida junto a los humanos. En este caso, el factor decisivo no es el sexo, sino el temperamento individual del gato.

Cuidados y salud

En cuanto al aseo, no hay diferencias fundamentales entre un gato macho y una gata hembra. La cantidad y complejidad de los cuidados depende principalmente de la raza, el tipo de pelaje y el estado general de salud del animal. Tanto los gatos machos como las gatas necesitan un cepillado regular, un corte de uñas y un cuidado rutinario de las orejas y los dientes.

A largo plazo, es importante darse cuenta de que un gato no es sólo una mascota, sino un miembro de la familia durante muchos años. Por eso merece la pena prestar atención no sólo al sexo, sino también a la reacción del gatito ante ti, su nivel de actividad, su curiosidad y su tacto. Muy a menudo, la elección correcta se hace intuitivamente: el animal «elige» a su propio dueño.

Conclusión

Un gato macho puede ser una buena elección para quienes aprecian la calma, el equilibrio y un mínimo de agarre, mientras que una gata hembra suele ser adecuada para las personas que valoran la conexión emocional, la interacción y una presencia activa en su vida cotidiana. En realidad, sin embargo, la mejor elección es el animal con el que sientas una conexión real, sea cual sea su sexo.