Los Spitz como Bonja tienen un pelaje lujoso que pierde su forma y brillo sin un cuidado profesional. En el salón, el peluquero peinó suavemente la capa interna, lavó el pelaje con un champú limpiador, lo secó y lo peinó con el volumen característico. Las patas, orejas y partes íntimas quedaron limpias y la silueta tan suave y esponjosa como una nube.

Cuando acicalar es el arte de ver el carácter en cada rizo.