Mucha gente cree que los gatos son animales totalmente independientes que no necesitan mucha atención. Sin embargo, estudios recientes en el campo de la medicina veterinaria conductual demuestran que los gatos pueden sufrir mucho estrés e incluso un estado similar a la depresión humana.

Aunque los especialistas suelen usar el término «estado depresivo», sus síntomas pueden afectar mucho a la calidad de vida del animal.

¿Por qué puede sufrir depresión un gato?

Los gatos están muy apegados a su territorio y a su estilo de vida habitual. A diferencia de muchas otras mascotas, valoran la estabilidad y la previsibilidad, por lo que cualquier cambio brusco puede causarles mucho estrés. Mudarse a una nueva casa, hacer reformas en el piso, la llegada de un nuevo miembro de la familia o de otra mascota obligan al gato a adaptarse de nuevo a un entorno que antes consideraba seguro.

La muerte o la ausencia prolongada del dueño o de otro gato compañero pueden ser igual de difíciles para el animal. Aunque a menudo se considera que los gatos son solitarios, muchos de ellos establecen un fuerte vínculo emocional tanto con las personas como con otros animales. La pérdida de ese vínculo suele provocar un estado de abatimiento y cambios en el comportamiento.

La simple aburrimiento también puede ser la causa de un estado depresivo. Si el gato pasa la mayor parte del día solo, sin poder jugar, explorar el espacio que le rodea o dar rienda suelta a sus instintos cazadores naturales, su actividad va disminuyendo poco a poco. Algunos expertos incluso señalan que algunos gatos pueden sentirse incómodos tras un simple cambio de muebles, ya que memorizan bien su territorio y no les gusta que el orden habitual cambie de repente.

Síntomas principales

A diferencia de las personas, los gatos no pueden contarte cómo se sienten, por lo que es importante prestar atención a su comportamiento.

Los signos de depresión pueden ser:

  • pérdida de apetito o, por el contrario, comer en exceso;
  • somnolencia excesiva;
  • falta de interés por los juegos;
  • ganas de esconderse todo el tiempo;
  • menos interacción con el dueño;
  • peor cuidado del pelaje o lamido excesivo;
  • maullidos inusualmente silenciosos o, por el contrario, frecuentes.

Si estos síntomas duran varios días o empeoran, vale la pena llevar al animal al veterinario, ya que estos comportamientos también pueden estar relacionados con enfermedades físicas.

¿Cómo ayudar al gato?

Si tu mascota se ha vuelto menos activa o se comporta de forma inusual, lo primero es no causarle más estrés. No debes obligar al gato a interactuar ni sacarlo de su escondite si quiere estar solo. Es mucho mejor darle tiempo para adaptarse y proporcionarle un lugar tranquilo donde se sienta protegido.

Una rutina diaria estable juega un papel importante. Es recomendable que las comidas, los juegos y otros rituales habituales se realicen más o menos a la misma hora. Esto ayuda al animal a sentir que tiene el control sobre su entorno y a volver más rápido a su estado normal.

También vale la pena prestar más atención a los juegos juntos. Incluso 10-15 minutos de interacción activa al día pueden mejorar mucho el estado emocional del gato. Los juguetes interactivos, las cajas de cartón, los nuevos lugares para trepar o la posibilidad de observar la calle a través de la ventana ayudan a mantener la curiosidad natural y estimulan los instintos de caza.

Si el estado de apatía persiste durante mucho tiempo, el gato deja de comer o cambia drásticamente su comportamiento, es necesario acudir al veterinario. Estos síntomas pueden estar relacionados no solo con malestar psicológico, sino también con diversas enfermedades que requieren tratamiento oportuno.

Dato curioso

Los científicos han observado que los gatos domésticos que tienen la oportunidad de trepar por las estanterías, explorar diferentes niveles del espacio y jugar regularmente a «cazar» muestran signos de estrés crónico con mucha menos frecuencia. Por eso, los veterinarios de hoy en día recomiendan crearles complejos de varios niveles y lugares para observar.

Conclusión

La depresión en los gatos no es un invento, sino un problema real que suele surgir por el estrés o por cambios bruscos en la vida del animal. La atención del dueño, una rutina estable y suficientes emociones positivas ayudan a la mayoría de los mininos a volver rápidamente a una vida activa y cómoda.