Le has comprado a tu gato una camita mullida, la has puesto en un rinconcito acogedor, pero cada noche se dirige con paso firme hacia tu cama. Se acurruca a tus pies, se acurruca a tu lado o se hace con la almohada, según lo que él considere más cómodo. ¿Deberías permitir que se quede ahí? La respuesta depende de cómo te sientas, de la calidad de tu sueño y de los hábitos de tu mascota.
Ventajas: calor, comodidad y sensación de cercanía
Para muchos dueños, tener al gato cerca forma parte de un agradable ritual vespertino. Su calor, su familiar ronroneo y su tranquila presencia pueden ayudarte a relajarte tras un día ajetreado. Esta compañía resulta especialmente valiosa para quien vive solo: conciliar el sueño junto a tu mascota es simplemente más acogedor.
Al mismo tiempo, esa sensación de tranquilidad no significa que dormir juntos mejore necesariamente el descanso. A algunas personas les gusta tener al animal cerca, pero a otras incluso el más mínimo movimiento bajo la manta les despierta. La mejor forma de saberlo es fijarte en lo descansado que te sientes por la mañana.
También es importante dejarle elegir al gato. Si quiere irse a dormir a otro sitio, no hace falta que lo retengas a tu lado solo por los mimos.
Inconvenientes: sueño interrumpido, alergias y cuestiones de higiene
Ir por la noche al cuenco, saltar de la cama y volver directamente a tu barriga puede convertir el descanso en una serie de siestas cortas. Si el gato te despierta a menudo y luego te cuesta volver a dormirte, una cama separada será una solución más práctica. Los expertos de la Clínica Mayo aconsejan sacar a las mascotas del dormitorio si sus movimientos o el ruido que hacen te impiden dormir.
Otro punto importante: las alergias. La reacción no la provoca el pelo en sí, sino las proteínas que se encuentran, sobre todo, en la saliva y en las partículas de piel del animal. Por eso, incluso un gato limpio y bien cepillado puede provocar síntomas. Si eres alérgico a los gatos, se recomienda que el dormitorio sea una zona libre de animales.
Tampoco hay que olvidarse de la higiene. Los gatos pueden ser portadores de parásitos y agentes infecciosos, incluso cuando parecen sanos a simple vista. Las revisiones veterinarias periódicas, el control de parásitos y la limpieza en casa ayudan a reducir los riesgos. Si tienes el sistema inmunitario muy debilitado, es mejor que hables con tu médico sobre el contacto cercano con el animal.

Cómo hacer que dormir juntos sea cómodo
Si dejas que tu gato duerma a tu lado, las normas deben satisfacer a todos los que usáis la cama. Lava la ropa de cama con regularidad, mantén limpia la bandeja sanitaria y sigue las recomendaciones del veterinario sobre el cuidado de tu minino.
Cepillarlo según su tipo de pelaje ayudará a reducir la cantidad de pelos en la manta. Normalmente no hace falta bañar al gato solo para que pueda subir a la cama: la higiene se mantiene con un cuidado diario adecuado, y la necesidad de bañarlo se determina según el estado del animal.
Deja al gato un lugar alternativo para descansar. Una cama cómoda junto a tu cama le permite estar cerca, pero conservando más espacio personal. Si decides cambiar este hábito, hazlo con calma y de forma constante, sin castigos.

Vale la pena dormir con tu gato cuando sea agradable para los dos y no afecte a tu descanso. Y dormir en lugares separados no reduce en absoluto el cariño: para mantener la cercanía basta con la atención diaria, los mimos y el tiempo que pasáis juntos.


