¿Quiénes son los murciélagos y por qué son tan especiales?
Los murciélagos son los únicos mamíferos verdaderos capaces de volar activamente. A menudo se confunden con roedores, pero pertenecen a un orden distinto de murciélagos. Hay más de 1400 especies de murciélagos en el mundo, y viven en casi todos los continentes excepto en la Antártida. Algunos son tan diminutos como una abeja, mientras que otros tienen una envergadura de hasta un metro y medio. Los murciélagos desempeñan un papel importante en la naturaleza: destruyen las plagas de insectos, polinizan las plantas y esparcen las semillas.
A pesar de los mitos sobre los «terribles vampiros», la mayoría de los murciélagos son criaturas extremadamente útiles y pacíficas. Y mientras durante el día descansan, por la noche se desarrolla su verdadera vida: silenciosa, rápida, casi invisible al ojo humano: la vida en el aire. Pero en la oscuridad absoluta, sin luz… ¿cómo navegan? Aquí es donde entra en juego su superpoder, la ecolocalización.

Ecolocalización
Los murciélagos no «ven» con los ojos, sino con los oídos. Emiten una serie de señales ultrasónicas de alta frecuencia, tan alta que el oído humano no puede captarlas. Estas señales se reflejan en los objetos y, al captar los ecos, el murciélago «dibuja» literalmente un mapa tridimensional del espacio. Este proceso dura una milésima de segundo.
Cuando un murciélago caza un insecto en el aire, emite una rápida serie de impulsos: ¡hasta 200 por segundo! Basándose en el eco, determina el tamaño de la presa, su dirección, velocidad de vuelo e incluso su forma. Los murciélagos son tan precisos que pueden «atrapar» un mosquito entre las ramas o volar por un estrecho hueco sin tocar ninguna superficie. Y todo ello en la oscuridad absoluta, donde ningún otro depredador sobreviviría.
Por cierto, las distintas especies de murciélagos tienen su propia «especialización»: algunas están sintonizadas con la maleza de los bosques, otras con los espacios abiertos o cazan sobre el agua. Algunos incluso son capaces de «interferir» las señales de otros murciélagos para evitar la competencia, como auténticos espías de la noche.
¿Quién más tiene ecolocalización aparte de los murciélagos?
Los murciélagos no son los únicos que pueden «ver con los oídos». Los delfines son un ejemplo clásico. También utilizan impulsos ultrasónicos para navegar en el agua y cazar peces. Las ballenas, sobre todo los cachalotes, tienen un potente sistema de ecolocalización que puede compararse a un radar submarino. Incluso algunas especies de aves, como los salanganes (parientes de los vencejos) que viven en cuevas oscuras, son capaces de una forma primitiva de ecolocalización: chasquean la lengua y captan los ecos.
Lo más interesante es que algunos humanos también son capaces de utilizar la ecolocalización. No se trata de un superpoder de cómic, sino de un fenómeno real, aunque poco frecuente. Uno de los ejemplos más famosos es Daniel Kish, ciego de nacimiento, que ha aprendido a hacer chasquidos con la lengua y a utilizar sus ecos para orientarse en el espacio. Su cerebro se ha adaptado al análisis de los sonidos hasta tal punto que el córtex visual (la parte del cerebro que normalmente procesa las imágenes) ha empezado a percibir e interpretar los ecos de los sonidos. Daniel puede montar en bicicleta, pasear por el bosque e incluso reconocer la estructura de los edificios, todo ello sin ver un solo rayo de luz.
Se han registrado habilidades similares en varias otras personas que han perdido la vista: han aprendido a «ver» a través del oído, y esto se ha confirmado mediante experimentos científicos con resonancia magnética. Resulta que el cerebro humano tiene mucho más potencial del que creíamos.


