El gato mira con recelo su reflejo, el perro ladra al «desconocido» y luego intenta encontrarlo detrás del espejo. Al cabo de un rato, la mayoría de las mascotas dejan de reaccionar ante el reflejo. Pero, ¿significa eso que se han dado cuenta de que son ellos mismos los que están en el espejo?

El espejo se lleva usando desde hace tiempo para estudiar el comportamiento y la autopercepción de los animales. Sin embargo, resulta que la simple pregunta de «¿se reconoce o no se reconoce?» es mucho más complicada de lo que parecía antes.

1. ¿Qué ven los perros y los gatos en el espejo?

La primera vez que ven un espejo, los animales suelen reaccionar ante su reflejo como si fuera otro ser vivo. Un perro puede ladrar, invitar al «otro perro» a jugar o asomarse detrás del espejo. Un gato a veces se queda quieto, se acerca de lado, toca el cristal con la pata o intenta encontrar a un rival detrás de él.

Con el tiempo, esta reacción suele atenuarse. Sin embargo, eso no prueba que el animal se haya reconocido a sí mismo. Quizás simplemente haya entendido que el ser del espejo no huele, no sale al exterior y no supone ninguna amenaza.

Esto resulta especialmente interesante en el caso de los perros, ya que para ellos los olores suelen ser más importantes que las imágenes. Por eso, los científicos incluso han llevado a cabo una especie de «pruebas olfativas con espejos», para ver cómo reaccionan los perros ante su propio olor y ante una versión alterada del mismo. Los resultados han demostrado que estudiar la autopercepción de diferentes animales solo con un espejo normal puede no ser suficiente.

2. ¿Qué es la prueba del espejo?

La prueba del espejo clásica se lleva a cabo de una forma bastante curiosa. Se coloca discretamente una marca en el cuerpo del animal, en un lugar que no se puede ver sin un espejo. Si el animal, al mirar su reflejo, empieza a tocar o a explorar la marca en su propio cuerpo, se considera un posible indicio de que se reconoce a sí mismo.

Este comportamiento se ha observado, por ejemplo, en algunos simios, delfines y elefantes. Pero muchas otras animales inteligentes no superan la prueba. Por eso los científicos discuten si un solo experimento puede considerarse un indicador universal de la autoconciencia.

Al fin y al cabo, cada especie percibe el mundo de forma totalmente diferente. Para unas, la vista es la principal fuente de información; para otras, el olfato, el oído o el tacto. Un animal puede ser muy consciente de los límites de su propio cuerpo y de las consecuencias de sus actos, pero simplemente no entender para qué tiene que mirarse en el espejo.

3. El pez que sorprendió a los científicos

Uno de los experimentos más sorprendentes con un espejo no se hizo con un elefante, un mono ni un delfín, sino con un pececito: el pez limpiador. Tras conocer el espejo, los peces empezaron a comportarse de forma extraña ante él y, después de que les pusieran una marca visible en el cuerpo, intentaban frotar esa zona contra las superficies.

Los resultados provocaron un intenso debate científico. Si un pez puede mostrar un comportamiento similar al de pasar la prueba del espejo, ¿significa eso que tiene una percepción compleja de sí mismo? ¿O quizá la prueba en sí es mucho menos universal de lo que se creía antes?

Por eso, cuando un perro busca a alguien detrás del espejo y un gato intenta tocar su reflejo con la pata, no hay que sacar conclusiones precipitadas sobre su inteligencia. Quizá la pregunta más interesante no sea «¿se reconoce el animal a sí mismo en el espejo?», sino «¿debería percibirse a sí mismo igual que un humano?»