El nombre puede llevar a confusión: el gato asiático no es originario de Asia. Se trata de un grupo de razas creado en Gran Bretaña, cuyos ejemplares han heredado el cuerpo esbelto y musculoso del birmano, pero presentan una gama de colores y patrones mucho más variada.

Este grupo incluye a los gatos asiáticos de un solo color, los gatos ahumados, los tabis, los burmilles sombreados y los Tiffany de pelo semilargo. De hecho, es una gran familia felina en la que puedes encontrar tanto una «minipanttera» negra brillante como un gato plateado con un ribete oscuro alrededor de los ojos.

Una raza nacida de una historia de amor secreta

La historia del gato asiático empezó en Gran Bretaña en 1981, casi por casualidad. Un gato persa de color chinchilla llamado Jemari Sankvist y una gata birmana lila llamada Fabergé iban a ser cruzados con ejemplares de sus propias razas. Pero los gatos decidieron lo contrario.

El resultado: nacieron cuatro gatitos plateados de pelo corto. A la dueña de Fabergé, la baronesa Miranda von Kirchberg, le encantó tanto su aspecto que puso en marcha un programa de cría. Así surgió el «burmila», cuyo nombre combina las palabras «birmania» y «chinchilla». Más tarde, los criadores ampliaron la gama de colores y crearon todo el grupo asiático.

La organización británica GCCF fue reconociendo poco a poco sus diferentes variedades y, en 2003, las cinco habían conseguido el estatus de campeonas.

Cientos de aspectos posibles

El gato asiático tiene un cuerpo de tipo birmano: parece esbelto y elegante, pero resulta sorprendentemente pesado cuando lo coges en brazos. Bajo su pelaje brillante se esconden unos músculos bien desarrollados, un pecho ancho y redondeado, así como unas patas robustas. Sus grandes ojos expresivos pueden ir del verde al ámbar dorado.

La principal característica de este grupo es la increíble diversidad de sus pelajes. El GCCF clasifica a los gatos asiáticos en cinco variedades:

  • Asian Self y Tortie: los gatos de un solo color y atigrados; la variante negra se llama Bombay;
  • Asian Smoke: su pelaje oscuro esconde una capa interna clara y plateada que se nota cuando se mueven;
  • Burmilla: una variedad de colores difuminados con un característico brillo plateado;
  • Asian Tabby: gatos con pelaje manchado, marmolado, atigrado o moteado;
  • Tiffanie: una variedad de pelo semilargo con pelaje sedoso y cola tupida.

En total, el estándar permite más de 400 combinaciones de colores y patrones. Por eso, dos gatos asiáticos pueden ser tan diferentes entre sí que alguien sin experiencia probablemente no adivinaría que son de la misma raza.

Un gato que lo quiere saber todo

El gato asiático ha heredado del birmano no solo su morfología, sino también sus ganas de interactuar sin parar contigo. No se conformará con observar la vida de la casa desde una estantería lejana: necesita revisar la compra, supervisar la preparación de la cena y descubrir por sí misma por qué su dueño ha cerrado la puerta.

Los gatos de esta raza son activos, inteligentes y ingeniosos. Les encantan los juguetes interactivos, las estructuras en altura y los retos en los que hay que ir a buscar una golosina escondida. Si no hay nada interesante que hacer, el gato puede buscarse un entretenimiento por su cuenta: por ejemplo, ordenar el armario o comprobar si la maceta se mantiene bien en el alféizar de la ventana.

Los gatos asiáticos suelen ser sociables y se llevan bien con los niños, con otros gatos y con perros tranquilos, una vez que se han conocido. Al mismo tiempo, tienen un carácter fuerte y a veces intentan imponerse como el líder de la manada entre las mascotas. Su maullido no suele ser tan estridente como el de los gatos siameses, pero tampoco se puede decir que sean silenciosos: al gato asiático le gusta responderte y mantener la «conversación».

A los gatos de pelo corto les basta con cepillarlos de vez en cuando con un cepillo suave. Los Tiffany de pelo semilargo necesitan un cepillado semanal, sobre todo en la cola, el pecho y detrás de las orejas.

Conclusión

El gato asiático es ideal para quienes buscan a su lado no a un observador distante, sino a alguien que participe activamente en la vida familiar. Su principal particularidad ni siquiera reside en los cientos de colores de pelaje posibles. Sino en que, detrás de cada una de esas «apariencias», se esconde el carácter curioso de una gata que, sin duda, estará al tanto de todo lo que pase en casa… y que tendrá su propia opinión al respecto.