El trabajo de un peluquero canino no acaba después del corte o el secado. Para terminar bien la sesión, hay que charlar un rato con el dueño. El peluquero debe explicar cómo ha reaccionado el animal durante la sesión, qué ha observado mientras trabajaba y cuándo es mejor programar la próxima visita.
Para el dueño, esta charla demuestra que de verdad te preocupas por su mascota, y para el peluquero canino, es una parte importante de su trabajo.
¿Cómo ha reaccionado el animal durante el aseo?
No basta con decir «todo va bien» ni calificar al animal de desobediente o agresivo. Es mejor explicar con detalle qué pasos ha soportado con tranquilidad y cuáles le han puesto nervioso.
Por ejemplo:
«El perro se ha portado bien durante el baño y al cortarle el pelo, pero se ha puesto un poco nervioso mientras se le secaba; así que hemos bajado la potencia del secador y hemos hecho unas cuantas pausas».
O también:
«Al gato no le importó que le cepilláramos la espalda, pero se mostraba sensible al tacto en la barriga, así que tuvimos especial cuidado con esa zona.»
Así, el dueño recibe información útil y entiende a qué procedimientos hay que acostumbrar poco a poco a su mascota en casa.
¿Qué dificultades hay que señalar?
El dueño debe conocer los aspectos importantes que han influido en el procedimiento:
- el miedo al secador o a la maquinilla;
- que no le gusten que le toquen las patas, el hocico o las orejas;
- los intentos de escapar o de morder;
- la presencia de muchos nudos;
- una mayor sensibilidad en ciertas zonas;
- cansancio rápido en un animal mayor;
- la imposibilidad de completar una etapa concreta de forma segura.
Hay que hablarlo con calma, sin exagerar ni echarle la culpa. El papel del dueño no es quejarse del animal, sino explicar la situación y proponer soluciones.
¿Por qué se ha podido acortar el procedimiento?
El peluquero no tiene por qué terminar todos los pasos a toda costa. Si el animal está muy nervioso, cansado o si su comportamiento supone un riesgo de lesión, el peluquero puede acortar la sesión o posponer algún paso. Y es importante explicar qué es lo que no se ha podido hacer y por qué se ha tomado esa decisión en beneficio del animal:
«Hoy no hemos terminado de cortarle las uñas de las patas traseras, porque el perro empezó a forcejear con fuerza. Habría sido peligroso seguir».
Esta explicación demuestra que el peluquero ha elegido a propósito la opción más segura y que no se ha limitado simplemente a no hacer su trabajo.
¿Cómo hablar de los nudos?
Hay que hablar de los nudos sin juzgar. En lugar de decir «no cuidas bien a tu perro», es mejor señalar las zonas problemáticas y explicar por qué aparecen. Los nudos suelen formarse detrás de las orejas, bajo las axilas, debajo del collar o del arnés, en el pecho, las patas y el vientre. Esto puede deberse a un cepillado demasiado superficial, a una herramienta mal elegida, al roce de la ropa o a intervalos demasiado largos entre dos sesiones de aseo.
Si has tenido que cambiar de corte de pelo por culpa de esos nudos, puedes decir:
«Queríamos dejar el pelo más largo, pero había nudos muy apretados cerca de la piel. Ya no era posible desenredarlos con seguridad, así que tuvimos que cortar esas zonas más cortas».
Después de eso, tienes que enseñarle al dueño qué herramientas usar y con qué frecuencia hay que cepillar al animal.
Lo que tienes que saber sobre la piel, las orejas y las uñas
Durante el aseo, el peluquero puede notar enrojecimiento, descamación, heridas, bultos, un olor desagradable que sale de las orejas, secreciones inusuales o una uña dañada. Es fundamental que se lo comentes al dueño.
Sin embargo, el peluquero no pone diagnósticos ni receta tratamientos. La forma correcta de decirlo es:
«Mientras secábamos a tu perro, nos hemos dado cuenta de que tiene la piel enrojecida debajo de la pata. Solo un veterinario puede determinar la causa, por eso te recomendamos que le enseñes esa zona».
No debes interpretar por tu cuenta que un enrojecimiento es una alergia, que un bulto es un tumor, ni que una secreción del oído es una otitis o un ácaro del oído. Para eso, hace falta una revisión veterinaria y, si es necesario, unas pruebas.
¿Cuándo hay que ir al veterinario?
Es recomendable acudir al veterinario si el peluquero nota:
- un enrojecimiento intenso o hinchazón;
- zonas húmedas, que sangran o que duelen;
- secreciones inusuales o un olor raro que sale de las orejas;
- mucho picor;
- un bulto nuevo o que haya cambiado;
- una uña dañada;
- parásitos;
- dolor intenso al tocarlo;
- un cambio repentino en el comportamiento del animal.
Basta con que el profesional describa lo que ha observado sin asustar al dueño y explique por qué sería útil que un veterinario lo examinara.
Cómo recomendar una próxima visita
Al final de la conversación, el dueño del cliente debe tener una idea clara de cuándo será la próxima sesión de peluquería. Decir «vuelve cuando le haya vuelto a crecer el pelo» es demasiado vago.
El peluquero tiene en cuenta el tipo de pelo, la longitud del corte, la rapidez con la que se forman los nudos, los cuidados en casa, el estado de las uñas y la reacción del animal durante la sesión.
Por ejemplo:
«Como se te forman nudos rápidamente detrás de las orejas, te recomendamos que programes la próxima sesión dentro de unas seis semanas y que te peines esas zonas con regularidad entre visita y visita».
Cómo expresarte de forma profesional
Las recomendaciones deben incluir tres elementos: un hecho, una explicación y una acción que hay que llevar a cabo.
En lugar de:
«Has dejado pelos por ahí.»
Mejor:
«Se te han formado unos nudos gruesos cerca de la piel, así que hoy hemos tenido que cortarte el pelo más corto. Te vamos a enseñar cómo cuidar esas zonas para que la próxima vez puedas dejártelo más largo».
En lugar de:
«Tu perro no se deja hacer.»
Mejor:
«Tu perro estaba un poco nervioso durante el ejercicio con las patas. Te recomendamos que lo acostumbres poco a poco, en casa, a pequeños contactos tranquilos.»

Terminar bien la consulta forma parte del trabajo
Un peluquero canino profesional no se limita a devolver al dueño a su mascota limpia y bien cuidada. Te cuenta cómo ha ido la sesión, te comenta sus observaciones importantes, te explica sus decisiones y te da consejos para los cuidados futuros.
En la V.O.G DOG ACADEMY, los alumnos no solo aprenden a usar las herramientas, sino también a preocuparse por el bienestar del animal, a conocer los límites de sus competencias y a comunicarse de forma profesional con el dueño.

