Un perro es capaz de encontrar el cuenco del gato incluso en un piso donde, aparentemente, lo hayan escondido bien. La comida para gatos huele a carne, tiene un sabor intenso y, a menudo, a los perros les parece mucho más apetecible que su propia comida. Pero, ¿de verdad pueden hacer daño unos cuantos gránulos robados?
La respuesta corta: si un perro sano se come por accidente un poco de comida para gatos, lo más probable es que no pase nada peligroso. Sin embargo, no puedes darle esto a tu perro de forma habitual: las raciones para gatos y perros tienen una composición diferente y están diseñadas según las necesidades de cada especie.
¿En qué se diferencia la comida para gatos de la de perros?
Los gatos son depredadores obligados, por lo que su organismo necesita una mayor cantidad de proteína animal y ciertos nutrientes que los perros pueden producir en parte por sí mismos. Por eso, la comida para gatos suele ser más concentrada, más grasa y más calórica, y tiene una proporción diferente de vitaminas y minerales.
Son precisamente la grasa y ese intenso olor a carne lo que hace que el contenido del cuenco de un gato resulte tan tentador para los perros. Sin embargo, «más nutritivo» no significa «más saludable». La comida completa para gatos está equilibrada para un gato, no para un perro. Por su parte, la comida para perros no es adecuada para los gatos, ya que puede que no les aporte la cantidad suficiente de taurina, vitamina A preformada, ácido araquidónico y otras sustancias necesarias.

¿Qué pasa si un perro se come comida para gatos?
Unas cuantas bolitas o una ración pequeña no suelen ser tóxicas para un perro sano. A veces, esto pasa sin ningún problema, y otras veces puede provocar vómitos de corta duración, diarrea, gases o malestar abdominal.
El riesgo aumenta si el perro:
- se ha comido una gran cantidad de comida de golpe;
- tiene el estómago delicado;
- tiene tendencia a la obesidad;
- ha padecido pancreatitis anteriormente;
- tiene alguna enfermedad en el hígado, los riñones o el páncreas;
- tiene que seguir una dieta terapéutica.
Hay que prestar especial atención al contenido en grasa de la comida. El exceso de comida grasa puede provocar trastornos digestivos y, en perros propensos, convertirse en uno de los factores que provocan pancreatitis, es decir, una inflamación dolorosa del páncreas.
Si tu perro solo ha probado un poco de comida para gatos y se comporta con normalidad, basta con quitarle el cuenco, dejarle agua fresca y vigilar cómo está. No hace falta que le provoques el vómito ni que le des medicamentos «por si acaso».
Merece la pena llamar al veterinario si el perro se ha comido mucha comida o si presenta vómitos repetidos, diarrea intensa, letargo marcado, rechazo a la comida, hinchazón o dolor abdominal. Necesita ayuda urgente el animal que no pueda tumbarse cómodamente, que gima, que arquee la espalda o que adopte una postura con las patas delanteras bajadas y la parte trasera del cuerpo levantada.
¿Por qué no puedes darle comida de gato a tu perro todo el tiempo?
El problema no radica en un único ingrediente «prohibido», sino en un desequilibrio sistemático de la dieta. Si el perro se come regularmente lo que sobra del gato o recibe su comida en lugar de la de perro, puede estar ingiriendo demasiadas calorías y grasas, y no suficiente fibra u otros componentes en las proporciones que necesita.
Con el tiempo, esto puede provocar:
- aumento de peso;
- trastornos digestivos constantes;
- una ingesta desequilibrada de nutrientes;
- un mayor riesgo de pancreatitis en animales propensos;
- incumplimiento de la dieta terapéutica, si el perro padece una enfermedad crónica.
Tampoco conviene usar la comida para gatos como golosina de forma habitual. A menos que el veterinario te haya recomendado lo contrario, es mejor optar por golosinas para perros y tener en cuenta su aporte calórico en la ración diaria.
En una casa donde conviven un gato y un perro, es más cómodo darles de comer en habitaciones diferentes o a una hora fija, tras la cual se retiran los cuencos. La comida del gato se puede colocar en un lugar elevado, inaccesible para el perro, pero solo si al gato le resulta cómodo subirse hasta allí. Es mejor guardar las bolsas y las latas en un armario cerrado o en un recipiente: el olfato tenaz de un perro rara vez ve un estante normal como un obstáculo serio.
Conclusión
Ingerir por accidente una pequeña cantidad de comida para gatos no suele suponer ningún peligro para un perro sano. Pero no puedes convertir esa comida en su dieta habitual ni en un capricho habitual.
Cada animal necesita una alimentación completa, diseñada específicamente para su especie, edad y estado de salud. Por eso, el cuenco del gato debe seguir siendo del gato, aunque al perro no le haga ninguna gracia.

