
Las carreras nocturnas por el piso, los maullidos a todo volumen, los saltos a la cama y los intentos insistentes de despertar al dueño son algo que muchos dueños de gatos conocen bien. A veces, el gato se porta tranquilo todo el día, pero en cuanto te acuestas, parece que al animal le entra una nueva oleada de energía.
Este comportamiento rara vez surge sin motivo. Lo más habitual es que esté relacionada con las características naturales de los gatos, un exceso de energía, una rutina de alimentación inadecuada o la costumbre de buscar atención por la noche. Para que el gato deje de molestarte mientras duermes, es importante entender qué es lo que provoca su actividad.

¿Por qué los gatos son activos precisamente por la noche?
Por naturaleza, los gatos son más activos al atardecer y a primera hora de la mañana. Era precisamente a esas horas cuando sus antepasados cazaban, por lo que incluso un gato doméstico puede sentir unas ganas tremendas de correr, acechar a una presa imaginaria y explorar el territorio.
Si el animal duerme la mayor parte del día, al llegar la noche le queda mucha energía sin gastar. Esto ocurre especialmente a menudo con los gatos jóvenes que viven en un piso y no tienen suficientes juguetes, actividades dinámicas o la oportunidad de observar el mundo que les rodea.
El hambre también puede ser la causa de los despertares nocturnos. Si le das de comer al gato mucho antes de acostarse, puede que se despierte en mitad de la noche y pida comida. A veces, el dueño se levanta al menos una vez, le da de comer o empieza a hablarle, y entonces ese comportamiento se consolida rápidamente. El gato se da cuenta de que maullar, dar pataditas o saltar a la cama le ayuda a conseguir lo que quiere.
Otra causa puede ser el aburrimiento. Las gatas que se quedan solas mucho tiempo suelen dormir durante el día y, por la noche, buscan compañía. Cuando te acuestas a descansar, la gata puede verlo como su única oportunidad de llamar tu atención.

Cómo acostumbrar a tu gato a dormir por la noche
No es posible cambiar por completo los ritmos naturales de un gato, pero sí puedes ir adaptando poco a poco su rutina a la de la familia. La regla más importante es que el gato gaste energía antes de que te vayas a dormir.
Por la noche, conviene organizar un juego activo de unos 15 a 30 minutos. Lo mejor son los palitos con plumas, las pelotas, los túneles y los juguetes que imitan el movimiento de una presa. El juego debe incluir persecuciones, saltos y pausas breves. Después de la actividad, puedes darle a la gata su ración principal de la noche. Esta secuencia se asemeja al ciclo natural: caza, comida, aseo y sueño.
Durante el día también es importante que el animal tenga cosas con las que entretenerse. Te vendrán bien los complejos de juego, los rascadores, las repisas, un sitio junto a la ventana y los juguetes interactivos. Hay que ir cambiándolos de vez en cuando, porque si siempre es lo mismo, se cansa rápido.
Si el gato te despierta para que le des de comer, un comedero automático puede ser una buena solución. Este dispensará una ración a la hora programada, y el animal dejará poco a poco de asociar la comida nocturna contigo.
Es importante que no te levantes, no hables con el gato ni empieces a jugar cuando te despierte por la noche. Incluso una reacción negativa puede interpretarse como atención. Si hoy ignoras sus maullidos y mañana acabas cediendo, el gato seguirá probando a ver si su insistencia da resultado esta vez.

Lo que no debes hacer
No debes gritarle al gato, asustarlo, rociarlo con agua ni encerrarlo en una habitación desconocida sin agua, sin bandeja sanitaria ni un lugar para descansar. Castigarlo no le explica al animal qué se espera de él, pero puede aumentar su ansiedad y desconfianza. Tampoco conviene cambiar bruscamente sus rutinas. Si la gata lleva años recibiendo comida o atención por la noche, el nuevo hábito no se formará en una sola noche. Al principio, puede que maúlle con más insistencia, pero si eres constante, su comportamiento irá cambiando poco a poco.
Antes de acostarte, comprueba que el gato tenga acceso a agua limpia, a la bandeja sanitaria, a su cama y a juguetes seguros. A veces, la causa de la inquietud es una bandeja sucia, una puerta cerrada o la falta de su lugar habitual para dormir.

La actividad nocturna puede ser señal de un problema
Si un gato adulto o mayor empieza de repente a maullar por la noche, aunque antes durmiera tranquilo, no lo achaces solo a su carácter. El cambio de comportamiento puede estar relacionado con dolor, trastornos de la tiroides, problemas digestivos, del sistema urinario, de la vista o del oído.
Algunos signos preocupantes son un cambio brusco en el apetito, pérdida de peso, mucha sed, ir mucho a la bandeja sanitaria, desorientación, agresividad, esconderse o lamerse constantemente una zona concreta del cuerpo. En ese caso, hay que llevar al gato al veterinario.
Los gatos no castrados y las gatas no esterilizadas también pueden ser especialmente ruidosos por la noche debido a su comportamiento sexual. En este caso, jugar con ellos no va a solucionar el problema del todo, así que es mejor que hables de la situación con el veterinario.

Conclusión
La actividad nocturna de un gato suele estar relacionada con su ritmo natural, un exceso de energía, el hambre o la costumbre de llamar la atención. Jugar activamente por la tarde, darle de comer antes de acostarse, asegurarte de que tenga suficiente actividad durante el día y que el dueño reaccione de forma coherente ayudan a cambiar poco a poco su comportamiento.
Si, por el contrario, el gato ha empezado a no dormir por la noche de repente o si, además, ha notado otros cambios en su estado de salud, es importante descartar cualquier problema de salud.