Muchos recuerdan que antes, en los pueblos, se les daba leche a los gatos con frecuencia y que vivían entre 15 y 20 años. Por eso te sorprende tanto lo que se dice ahora de que la leche está supuestamente totalmente prohibida. Entonces, ¿qué hay de cierto en todo esto? La verdad es que la respuesta no es tan sencilla.

¿Por qué les daban leche a los gatos antes y por qué se encontraban bien?
Antes, había leche en casi todos los pueblos. Los dueños solían dársela a los gatos, pero eso no significa que fuera su alimentación principal.
Un gato del campo cazaba todos los días ratones, pájaros e insectos, y se comía las sobras de carne o pescado que quedaban en la mesa. La leche no era más que un complemento agradable para su alimentación, no la base de su dieta.
Por otro lado:
- los gatos se movían mucho y gastaban más energía;
- la leche fresca solía contener más enzimas naturales que la leche pasteurizada de hoy en día;
- no todos los gatos reaccionaban igual a la leche; lo que pasa es que, en aquella época, casi nunca se hablaba de problemas digestivos.
Por eso, la longevidad de los gatos del campo no se explica solo por la leche. Era solo uno de los muchos factores de su estilo de vida.
¿Por qué se dice hoy en día que la leche es mala para la salud?
La razón principal es la lactosa, es decir, el azúcar de la leche.
Mientras los gatitos se alimentan de leche materna, su organismo produce suficiente enzima lactasa, que ayuda a digerir la leche. Tras el destete, en la mayoría de los gatos adultos, la producción de esta enzima disminuye considerablemente.
Por eso, después de beber leche de vaca normal, puedes tener:
- diarrea;
- hinchazón;
- flatulencias;
- malestar intestinal.
Pero hay que entenderlo bien: eso no significa que la leche sea tóxica para todos los gatos.
Algunos gatos adultos toleran muy bien pequeñas cantidades de leche y no tienen ningún problema. Otros pueden tener problemas digestivos incluso después de unos sorbos. Todo depende de cada animal.
Entonces, ¿se les puede dar leche de todos modos?
Sí, pero con moderación.
Si, después de beber una pequeña cantidad de leche, tu gato no tiene diarrea ni otros síntomas, puedes dársela de vez en cuando en pequeñas cantidades.
Pero la leche no debe sustituir al agua potable habitual de tu gato, ya que es la principal fuente de hidratación para su organismo. Además, no es un alimento completo y no puede aportar a un gato adulto todos los nutrientes que necesita. Por eso, aunque tu gato la tolere bien, la leche debe seguir siendo un capricho ocasional y no formar parte importante de su alimentación diaria.
Si a tu gato le encanta la leche, pero tiene problemas después de tomarla, puedes optar por una leche especial sin lactosa para gatos. Está especialmente diseñada para tener en cuenta las particularidades de su digestión.
Conclusión
El mito de que «la leche es mortalmente perjudicial para todos los gatos» es falso. Pero la idea de que un gato adulto tenga que beber leche todo el tiempo es igual de errónea.
La verdad está en medio: la leche no es un alimento imprescindible, pero tampoco está totalmente prohibida. Si tu gato la tolera bien, una pequeña cantidad de vez en cuando no supone ningún problema. Lo más importante es fijarte en cómo reacciona tu gato, y la base de su alimentación debe seguir siendo una dieta completa y equilibrada, además de agua potable fresca.

