Cuando la ingeniosidad se convierte en un auténtico reto
Mucha gente sueña con tener un perro superinteligente. Parece la opción perfecta: aprende rápido, entiende las órdenes a la primera y se acuerda fácilmente de las normas. Pero hay un detalle que a menudo se pasa por alto. Tener mucha inteligencia no significa que vaya a obedecer a la perfección.
Un perro inteligente piensa, analiza y toma sus propias decisiones. Si se da cuenta de que su dueño no insiste en que cumpla la orden, puede que simplemente decida que no hace falta cumplirla. Este tipo de mascota descubre rápidamente los puntos débiles de la educación: abre puertas, aprende a sacar golosinas de los armarios, salta vallas, aprieta los pomos de las puertas o incluso manipula a la gente para conseguir la recompensa que quiere.
Por eso, muchas de las razas más inteligentes —como el border collie, el pastor belga, el caniche o el pastor australiano— suelen acabar entre los que se devuelven a los criadores. No es que sean «malos», sino que su inteligencia exige muchísima atención, entrenamiento y trabajo en equipo.



La inteligencia necesita trabajo, no solo amor
Para un perro inteligente, no basta con dos paseos al día. Necesita recibir constantemente nuevos retos, aprender habilidades, resolver acertijos y trabajar junto a ti. Si su mente no está ocupada en algo útil, se buscará algo que hacer por su cuenta. Y no seguro que eso le guste al dueño.
Muebles mordisqueados, cubos de basura revueltos, fugas del patio, ladridos sin fin o «reformas» en el piso pueden no ser muestra de mal carácter, sino simplemente de aburrimiento. Para un perro muy inteligente, la inactividad es un auténtico estrés.
Por eso, a la hora de elegir una raza, vale la pena que te hagas esta pregunta con sinceridad: ¿estás dispuesto a dedicar tiempo cada día no solo a su cuidado, sino también al desarrollo de su inteligencia? Al fin y al cabo, el mejor perro no es el que tiene el coeficiente intelectual más alto, sino aquel cuyo temperamento, necesidades y estilo de vida encajan a la perfección con los tuyos. A veces, un compañero tranquilo te da mucha más alegría que un genio que cada día se inventa nuevas formas de sorprenderte.