El gato se tira de repente en medio de la habitación, se pone boca arriba y empieza a darse la vuelta de un lado a otro. Parece que, en cualquier momento, te va a pedir que le rasques la barriguita. Pero en cuanto extiendas la mano, puede que te ataque con las cuatro patas y los dientes.
Darse la vuelta sobre la espalda no es una orden concreta para ti, sino todo un lenguaje felino. Así es como tu mascota puede mostrar confianza, pedir atención, dejar su olor o simplemente disfrutar de sensaciones agradables.
El gato se siente seguro o quiere que le prestes atención
La barriga es una de las partes más vulnerables del cuerpo de un gato. Cuando un gato está tranquilamente tumbado de espaldas junto a una persona, está demostrando que no espera ningún peligro. Sobre todo si tiene el cuerpo relajado, las patas ligeramente dobladas, los ojos entrecerrados y la cola tranquila.
A menudo, los gatos montan este espectáculo ante su dueño: se tiran a sus pies, dan vueltas, se estiran y observan atentamente su reacción. Así pueden saludarte, invitarte a jugar o recordarte que es hora de que les prestes atención.
Sin embargo, mostrar el vientre no siempre significa que te dé permiso para acariciarlo. Para muchos gatos, es solo una muestra de confianza, no una invitación a que los toques. Si, al ver tu mano, el gato la agarra con las patas delanteras, la empuja con las traseras o te muerde, no es que haya «cambiado de opinión», sino que simplemente has malinterpretado su mensaje.
Normalmente es más seguro rascarle las mejillas, la barbilla o la zona de las orejas. Y deja el vientre a un lado, a menos que el gato te muestre por sí mismo que le gusta.
El gato se frota, se rasca o deja su olor
Los gatos tienen glándulas odoríferas en la espalda y los costados. Al revolcarse por el suelo, la alfombra o la tierra, el animal deja su propio olor y hace que el espacio sea más «suyo». Para ti, este aroma es casi imperceptible, pero para el gato es una parte importante de su comunicación con el mundo que le rodea.
Además, revolcarse puede ser simplemente placentero. Una superficie dura o un poco áspera les da un masaje en la espalda y les ayuda a rascarse en sitios a los que les cuesta llegar con la lengua. A algunos gatos les encanta especialmente el suelo cálido, la tierra calentada por el sol o una alfombra limpia recién extendida —preferiblemente justo cuando el dueño intenta alisarla—.
Tras el contacto con la menta para gatos, el revolcarse puede volverse mucho más intenso. El gato se frota la carita, da vueltas, ronronea y agarra el juguete con las patas. Esta reacción suele durar poco y no es peligrosa.
En una gata no esterilizada, revolcarse mucho por el suelo, maullar fuerte, arquear la espalda y apartar la cola hacia un lado pueden ser signos de que está en celo.
Sin embargo, no debes ignorar si se revuelca de forma constante y obsesiva. Si además la gata se rasca mucho, se lame una zona concreta, se arranca el pelo o tiene enrojecimiento en la piel, la causa pueden ser parásitos, una alergia o una irritación. Y si se revuelca, maúlla de dolor, no encuentra una postura cómoda o se comporta de forma extraña, hay que consultar al veterinario.
A la gata le ha empezado el celo
Las gatas no esterilizadas suelen revolcarse boca arriba y retorcerse por el suelo con mucha frecuencia durante el celo. Así se manifiestan los cambios hormonales y la disposición de la gata para el apareamiento.
Normalmente también aparecen otros signos: la gata maúlla fuerte y prolongadamente, se vuelve muy cariñosa, se frota contra los muebles y las piernas, levanta la parte trasera del cuerpo y aparta la cola hacia un lado. También puede intentar escaparse de casa en busca de un gato, por lo que durante este periodo es muy importante asegurarte de que las ventanas y puertas estén bien cerradas.

Conclusión
Lo más habitual es que un gato se dé la vuelta y se ponga boca arriba porque se siente tranquilo, quiere jugar, llamar la atención o dejar su olor. Es un comportamiento normal si el animal parece relajado y se comporta como de costumbre.
Lo importante es no interpretar cada barriguita al descubierto como una invitación a acariciarlo. A veces es una muestra sincera de confianza, otras veces una petición para jugar y, en ocasiones, simplemente la forma que tiene un gato de decir: «Estoy a gusto aquí, no me molestes».

