Basta con poner una cajita en el suelo… y en unos minutos ya habrá un gato sentado dentro. Un hueco entre dos muebles, una estantería pequeña o un pasillo que parece demasiado estrecho tampoco suelen detener a un gato. A veces parece que los gatos son capaces de cambiar la forma de su cuerpo.

Claro, no es que se conviertan en líquido. Pero su morfología, su flexibilidad y su capacidad para evaluar el espacio hacen que los gatos sean, sin duda, los campeones indiscutibles a la hora de colarse por los sitios más estrechos.

El secreto está en su morfología

El cuerpo de un gato está diseñado para movimientos extremadamente ágiles. Su columna vertebral flexible le permite arquearse, retorcerse y estirar el cuerpo de forma impresionante, mientras que la estructura única de su cintura escapular le da a sus extremidades delanteras una gran libertad de movimiento. Gracias a eso, un gato puede cambiar de postura mucho más fácilmente que un humano.

Por eso, un hueco que a nosotros nos parece demasiado estrecho puede ser perfectamente franqueable para un gato. Puede estirar las patas delanteras hacia delante, girar los hombros y colarse poco a poco por el hueco. Por supuesto, sus capacidades no son ilimitadas: el tamaño de su pecho, su forma física y su peso también influyen.

Es precisamente esta flexibilidad la que ha dado lugar al famoso chiste de que «los gatos son líquidos». Pero resulta que unos científicos han decidido comprobar hasta qué punto los gatos son conscientes de las dimensiones de su propio cuerpo.

¿Sabe un gato por dónde puede colarse?

En un estudio de 2024, se pidió a varios gatos que se colaran por aberturas cuyo tamaño variaba progresivamente. El resultado fue inesperado: ante aberturas altas pero muy estrechas, los gatos no solían dudar mucho y trataban de colarse a base de prueba y error. En cambio, ante aberturas bajas, tendían más a dudar incluso antes de empezar a moverse.

Esto sugiere que los gatos quizá tengan en cuenta el tamaño de su cuerpo, pero que no lo hacen sistemáticamente en todas las situaciones. Los investigadores plantearon la hipótesis de que, ante un paso estrecho, el enfoque de «voy a intentarlo» puede ser una estrategia totalmente normal, mientras que un obstáculo bajo obliga al gato a evaluar sus capacidades con más cautela.

Así que ese momento en el que un gato se queda mirando un espacio pequeño durante unos segundos antes de acabar colándose por él puede ser más complejo de lo que parece. No actúa necesariamente al azar: un gato es capaz de usar la información sobre su entorno y sobre su propio cuerpo.

¿Por qué les gustan tanto a los gatos los espacios estrechos?

La capacidad de meterse en una caja es solo una parte de la historia. La otra pregunta es: ¿por qué un gato elige tan a menudo por sí mismo un espacio pequeño, incluso cuando tiene toda una habitación cerca?

Para un gato, un espacio cerrado puede servirle de escondite, permitirle observar su entorno y limitar el número de direcciones desde las que se le puede acercar. Es precisamente por eso por lo que las cajas, los transportines, las estanterías y otros escondites suelen atraer tanto a los gatos.

Y esta afición de los gatos por los espacios pequeños da lugar constantemente a situaciones divertidas: un gato puede ignorar una tumbona carísima, pero hacerse enseguida con la caja que hay al lado. Quizá no sea una cuestión de extraña lógica felina. Es solo que, para nosotros, es una simple caja de cartón, pero para un gato es a la vez un escondite acogedor, un puesto de observación y una fortaleza personal.

La respuesta a la pregunta «¿Por qué los gatos se cuelan en todos los rincones?» tiene, por tanto, varios elementos: un cuerpo extremadamente flexible, una estrategia única para superar obstáculos y un amor natural por los espacios reducidos. Y aunque está claro que los gatos no son líquidos, a veces hacen todo lo posible para que sigamos dudándolo.